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Lo más destacado de Tiger Beach
El tiburón tigre es, sin duda alguna, uno de los grandes depredadores marinos. Su tamaño, fortaleza y poderosa mandíbula lo hacen ocupar uno de los primeros puestos entre los tiburones potencialmente más peligrosos que habitan en los arrecifes coralinos. Bucear con estos animales, sin jaulas protectoras, supone una de las experiencias más excitantes que se pueden vivir; un reto al que cualquier buceador apasionado por los tiburones no puede dar la espalda. Son numerosos los autores que describen a los tiburones tigre como una de las especies marinas más peligrosas. Ralf M. Hennemann, en su libro Tiburones y Rayas del Mundo, dice de estos animales “Sin lugar a duda el tiburón tigre es uno de los tiburones más peligrosos que existen. Su gran tamaño y sus hábitos alimentarios oportunistas hacen que los encuentros submarinos con este animal supongan una amenaza seria”.
La primera vez que nuestro equipo leyó esto no pudimos dejar de pensar que sería apasionante poder bucear junto a uno de estos escualos, que pueden llegar a superar en tamaño al gran tiburón blanco y que disponen de una de las mandíbulas más poderosas del reino animal, con la que son capaces de triturar sin problemas el caparazón de una tortuga marina. Por otro lado, nuestra experiencia de años buceando con todo tipo de tiburones nos ha enseñado, que pese a ser potencialmente peligrosos, la mayoría de los animales marinos no se muestran agresivos ante los buceadores, siempre y cuando estos observen unas normas “clave” que impidan confusión, no exciten al animal o le hagan sentirse en peligro.
Pese a que el tigre (Galeocerdo cuvier) tiene una distribución circuntropical, no es una especie fácil de localizar; por suerte disponíamos del contacto con un gran especialista, apasionado por los tiburones y que ha dado soporte técnico a los trabajos realizados con tiburón tigre de National Geographic, BBC Wildlife, Animal Planet y Discovery Channel. Sus años de experiencia son una garantía de seguridad ante un trabajo de este tipo, y los puntos de inmersión que el bien conoce son el elemento definitivo para el éxito de cualquier expedición.
Habitualmente nuestros cruceros zarpan de Riviera Beach, en Florida, con rumbo al norte de Grand Bahama, en busca no solo del tiburón tigre sino de algunas otras especies igualmente carismáticas como el tiburón martillo gigante (Sphyrna mokarran), que puede superar los 5 m. de longitud, el tiburón toro (Carcharinus leucas) o el tiburón limón (Negaprion brevirostris). Para poder localizar a estas especies, aparte de dirigirnos a los puntos donde ellos habitan, hay que reclamar su atención, para lo cual el barco cuenta con un gran depósito en proa, cargado de pescado, a través del cual circula agua que es devuelta al mar; 24 horas al día de “perfumado” líquido que será detectado por cualquier tiburón que se encuentre en varios kilómetros a la redonda, y lo cierto es que tras toda una noche de navegación el método da excelentes resultados y a la luz del nuevo día el barco suele estar rodeado de tiburones.
Pese a la mala fama de los tiburones, lo cierto es que la mayoría de ellos son animales tímidos y la simple presencia de buceadores en el agua, especialmente en zonas remotas donde no están demasiado acostumbrados a ver humanos, puede ser causa más que suficiente para que se alejen. Para impedir su huida, la solución es darles algo tentador que venza su timidez, y eso se consigue con algunas cajas sumergidas llenas de pescado. La intención no es que se lo coman, sino que lo huelan y su instinto les haga permanecer en el lugar donde nos sumergiríamos. Por otro lado, el cebo puede detonar un comportamiento agresivo, algo que para nada buscábamos; para controlar esta situación en todo momento se utiliza pescado desangrado, ya que la presencia de sangre en el agua puede suponer un fuerte excitante, que puede desembocar en una pérdida de control.
Por mucho que se haya buceado con tiburones, no deja de ser inquietante el momento en que se salta al agua, especialmente cuando varias decenas de tiburones rodean el punto de entrada. La mayoría de los ejemplares que se concentran en la superficie son tiburones limón y tiburones de arrecife del Caribe, especies que suelen trabajar más en grupo, y cuya nerviosa actividad suele atraer a otros depredadores más grandes y solitarios, como el tigre. Los lugares seleccionados, a excepción de algunos muy concretos, no superaban los 6 m. de profundidad, con un fondo dominado por la arena, sobre la que se salpicaban algunas gorgonias y pequeños bloques de coral, un hábitat que gusta a los tiburones y en donde pueden encontrar rayas y otros peces planos – semienterrados en la arena – y que gracias a los electros receptores situados en su hocico (ampollas de Lorenzini) detectan y capturan con facilidad. La claridad de los fondos sumada a la limpieza de las aguas y a los penetrantes rayos del sol ofrecen a los buceadores un espectáculo magnifico, en donde contemplar únicamente decenas de tiburones en todas direcciones. Cualquier fotógrafo entenderá el placer que supone trabajar con un angular a 1/250 de velocidad y aperturas de f/16…un sueño hecho realidad.
La tradicional curiosidad de los tiburones Caribe se ve muy superada por el descaro de los grandes tiburones limón, animales de más de 2 m, que nadan por todas partes y que literalmente hay que quitárselos de encima para establecer cierta distancia que nos permitiera trabajar. Pese a su comportamiento tranquilo, el cebo y su impresionante dentadura nos dejaban claro en todo momento que esto no era un juego, y para evitar percances hay que tomar algunas medidas de precaución.
Los tiburones disponen de un gran olfato y otros órganos sensoriales muy desarrollados, pero no son animales muy inteligentes y su vista no es lo más destacado, por lo cual podrían confundir determinados elementos del equipo o simplemente nuestras manos con el cebo del interior de las cajas. El pescado suele tener un color claro y pálido, por lo tanto, hay que alejarse de cualquier color que induzca a error. Trajes, aletas y chalecos fundamentalmente negros (o azul oscuro) nos transformará en “objetos” diametralmente opuestos a lo que ellos estaban buscando. Completar el equipamiento con capucha y guantes negros (indispensable) garantizarán nuestro camuflaje.
Como una rutina diaria, tras los primeros encuentros con los tiburones “pequeños” empezaran a acudir a la cita los principales invitados: los tiburones tigres. La excelente visibilidad nos dará la oportunidad de divisarlos a 30 o 40 m. de distancia, avanzando directos, con un sinuoso y lento movimiento y muy próximos al fondo. La primera vez que se cruza la mirada con un tigre, de penetrantes ojos negros, te das cuenta de que la situación es muy diferente a cualquier otra experimentada con anterioridad, solo comparable con el encuentro del gran tiburón blanco. Con otros tiburones se nota cierta desconfianza, pero el tigre domina la situación y avanza directo hacia ti claramente, para comprobar quien es ese raro visitante. Para un inexperto este comportamiento podría calificarse de ataque, pero los guías preparan a los integrantes de la expedición para entender el comportamiento de estos animales y como debemos de comportarnos con ellos, que se resume en pocas palabras: plantarles cara y frenarles.
Lo cierto es que “plantar cara” a un tiburón que supera en dos veces nuestro tamaño suena a locura, y pese a la aparente protección que da el tubo de PVC que nos entregarán, o simplemente la cámara de fotos o video, el primer encuentro es una auténtica descarga de adrenalina. Por suerte el sistema que nos habrán explicado funciona en todos los casos; el tigre buscará establecer contacto físico, su forma de chequear lo desconocido, pero manteniéndose firme y parándole suavemente con un obstáculo, el gigantesco tigre parecerá perder interés por nosotros durante un buen rato, permaneciendo en la zona tranquilo. La barrera o el obstáculo que interpondremos entre el tiburón y nosotros puede ser la cámara (si es lo suficientemente grande) o el “bastón” de PVC, no para golpearle (sería muy, muy mala idea) sino simplemente para cortar su avance. En ocasiones el descaro de los tigres les lleva a coger las cámaras con su gran boca y llevárselas, pero por suerte y tras ver que el metal no es muy apetecible, la sueltan a unos cuantos metros de distancia.
Y aunque los principales protagonistas de estas inmersiones sean los tiburones tigre, en ocasiones también acuden a la cita otros escualos muy interesantes, como son los tiburones toro (Carcharinus leucas) y los tiburones martillo gigante (Sphyrna mokarran). Los tiburones toro suelen ser muy bruscos, inquisitivos e impredecibles, y a diferencia de con los tigres, hay que prestarles mucha atención, y aunque sean mucho más pequeños pueden tener reacciones no deseadas.
Por lo contrario, los martillos gigantes, que pueden superar en tamaño a los tiburones tigre, son un auténtico espectáculo, y no solo por sus dimensiones sino por su comportamiento. Pese a que en los primeros minutos son bastante desconfiados, muy rápidamente pierden el miedo y se aproximan a los buceadores hasta establecer contacto físico. Una cabeza de 1,5 m de ancha golpeándonos en el pecho es una sensación “muy especial”. Y todo ello, como siempre, bajo la atenta mirada de nuestros guías. Auténticos especialistas que tras años de buceo con todo tipo de tiburones saben interpretar a la perfección su comportamiento y evaluar con seguridad cada una de las interacciones.
Tras una semana de exclusivamente buceo con tiburones, el saldo de esta expedición suele resultar muy positivo. Cada día de inmersión es diferente y a cuál mejor, con vivencias realmente inimaginables antes de iniciar el viaje. Una experiencia que catalogar como indispensable para cualquier buceador que siente pasión por estos legendarios animales.