Azores

Atlántico majestuoso

Lo más Destacado de Azores

Azores es un archipiélago de origen volcánico y forma parte de la región geográfica de la Macaronesia, junto a Madeira, Salvajes, Canarias y Cabo Verde. Sus nueve islas se sitúan en el extremo norte de la región y se distribuyen en tres grupos. Las islas occidentales: Corvo y Flores; las orientales: Santa María y San Miguel; y las centrales: Faial, Graciosa, Pico, San Jorge y Terceira. Todas ellas se localizan en medio del Atlántico Norte, y esto no es un tópico, ya que están a más de 1.400 Km. de distancia de la costa portuguesa y a unos 3.600 Km. de la costa este de Estados Unidos. Esta singular situación le imprime unas características muy especiales, tanto por su clima como por su fauna marina, todo ello de gran interés para el tema que nos ocupa: el buceo.

Quizá, lo más conocido de Azores para un español sea su anticiclón, un fenómeno meteorológico asociado al tiempo seco, soleado y caluroso. Dicho anticiclón se sitúa sobre las islas durante los meses de nuestro verano, por lo tanto, suele garantizar el buen tiempo. Estas altas temperaturas también afectan al agua y propician la migración de muchas especies pelágicas. De entre las más de 600 especies de peces que podemos ver en Azores, sin duda alguna hay dos realmente carismáticas: los tiburones azules y las móbulas.

El tiburón azul o tintorera (prionace glauca) es un carcarrínido típicamente pelágico y pese a su amplia distribución, es uno de los tiburones – a excepción de los escualos de grandes profundidades – menos vistos por los buceadores. La causa principal de esta “rareza” no es su timidez sino su hábitat, totalmente alejado de las zonas costeras y de los arrecifes. Es un tiburón al que hay que buscar en medio del mar, lejos de todo, y en esto las islas de Faial y Pico son especialistas. La otra especie que nos espera en Azores es la móbula tarapacana, un familiar cercano de las mantas que puede alcanzar los 2 metros de envergadura pero que tiene un comportamiento totalmente diferente a sus parientes del trópico. Estos majestuosos animales acuden también con las aguas templadas y se concentran en dos puntos clave: Princess Alice (Faial y Pico) y Ambrosio (Santa María).

Las tres islas comparten su origen volcánico y un conjunto de características, a nivel de buceo, que hacen que la mayoría de las especies costeras sean comunes, e incluso algunos de los pelágicos. Otro denominador común en estos fondos es la claridad de sus aguas, que en muchas ocasiones suele superar los 40 metros en horizontal; posiblemente Atlántico y aguas claras no son palabras que asociemos demasiado, pero es importante destacar que muchas de las zonas de aguas más claras del planeta se encuentran en el Atlántico Norte, entre ellas Azores.

Como suele ocurrir en la mayoría de islas volcánicas, sus fondos ofrecen una topografía muy variada: paredes de basalto, fondos de bloques, laderas pronunciadas, bajos, grandes arcos de piedra y cuevas. Esta diversidad, aparte del atractivo para el buceo, permite que cualquier buceador, independientemente de su nivel, pueda tener inmersiones acordes a su preparación, aunque para disfrutar al máximo de este destino se recomienda contar con un poco de experiencia, ya que esto no nos dejará fuera de los puntos más impactantes. La fauna que iremos contemplando a lo largo de las inmersiones será, en buena medida, una mezcla de especies semitropicales con otras más de la zona mediterránea. Desde los típicos meros, que parecen disfrutar con nuestra presencia, hasta peces loro, anthias y grandes lábridos como el pejeperro, sin dejar de lado a crustáceos, pulpos, nudibranquios o gusanos de fuego. En todas estas inmersiones una atenta mirada al azul o sobre nuestras cabezas podrá traer alguna agradable sorpresa, como el encuentro con cardúmens de barracudas, jureles, tortugas o atunes.

Condor Bank es un bajo, al que llegaremos tras menos de una hora de navegación. La cumbre de esta montaña submarina no queda muy cerca de la superficie, pero no tienen importancia, ya que el objetivo no es el fondo sino el azul. Esta inmersión viene precedida por la “ceremonia” del chummi, una mezcla de sardinas machacadas, agua y grasa de pescado que es poco a poco lanzada al agua y que es detectada a kilómetros de distancia por los tiburones, que acuden raudos a la cita.

Pese a que en ocasiones viene algún mako o marrajo, lo más frecuente es recibir a unos cuantos tiburones azules. Los buceadores, en pequeños grupos, entran cuidadosamente en el agua y permanecen bajo la embarcación a 3 o 6 metros de profundidad, cogidos a cabos lastrados, y dejando que los azules cojan confianza. Con normalidad, vencen rápidamente su timidez, y en 4 o 5 minutos ya están a escasos centímetros de los atónitos submarinistas; son tan descarados que es habitual que lleguen a restregar su lomo contra nuestro cuerpo. Lo normal es contar con grupos de entre 3 y 10 individuos, con tamaños que oscilan entre 1,20 m. y 2 m. Una jornada, con dos largas inmersiones, que justifican por sí mismas el viaje.

Princess Alice es otro bajo, a 45 millas náuticas de Horta, que surge desde los 2.500 m de profundidad, pero en esta ocasión alcanza su cima en la cota de los – 30 m. En este lugar la claridad del agua nos permite ver, desde casi la superficie, gran parte de la cumbre y el espectáculo suele ser supremo. Es un punto de encuentro de grupos de móbulas, pero estas pueden llegar a ser eclipsadas por las barracudas o los tremendos bancos de serviolas. A lo largo de un recorrido entre grandes bloques iremos cruzándonos con rayas, abadejos, cardúmenes de chopas, salpas, meros, viejas y un largo etcétera de otras especies que nos harán comprender por qué este lugar es considerado el mejor punto de buceo del Atlántico Norte.

La isla de Santa María fue la primera del archipiélago en ser descubierta (1427), y su capital – Vila do Porto – es un pequeño pueblo de pescadores. La parte alta de la isla está cubierta por un denso bosque, que en ocasiones resulta impenetrable, mientras que en las zonas bajas las grandes extensiones de pastos contrastan con los acantilados de basalto. En Santa María las inmersiones se reparten por todo el perímetro de la isla, que no es muy grande, y en su mayoría están muy cercanas a la costa, con una topografía variada, destacando algunas cuevas y bajos, en donde encontraremos una buena muestra de la más representativa fauna de la Macaronesia.

En la Baixa da Maia o en Pedrinhas es habitual encontrar unos cuantos meros de gran tamaño a lo largo de la inmersión, alternado con abadejos, peces trompeta, viejas y grandes rascáceos. A cierta distancia del roquedal suelen merodear las barracudas y las lechas, pero mucho más descarados suelen ser los peces ballesta del Atlantico, que en nutridos grupos suelen visitar las cotas menos profundas en busca de alimento, mientras los jureles lanzan sus rápidos ataques sobre los pequeños peces que se protegen junto a las piedras. Una detenida inspección de los rincones de los bajos nos permitirá encontrar diferentes variedades de morenas y algunos invertebrados interesantes.

Fuera del radio de la isla también hay lugares de interés para el buceo, fundamentalmente en la reserva de Formigas y Dollabarat., a unos 50 Km. de Villa do Porto. En estas inmersiones podremos explorar unos extensos bajos que caen vertiginosamente a las profundidades, con paredes extraplomadas en donde prolifera el coral negro; una zona frecuentada por los atunes, barracudas y los cardúmenes de serviolas, y en donde también son posibles los encuentros con ejemplares solitarios de móbulas, e incluso en ocasiones mantas.  Y para los aficionados a los pecios, también es posible descender hasta los restos, muy diseminados, de un naufragio. 

Pero si el buceo en todas estas zonas resulta muy atractivo, el punto más solicitado es Ambrosio, un pequeño bajo (reserva marina) que llega hasta los 45 metros de la superficie. Pese a que la cumbre del bajo, aunque algo profunda, puede ser muy atractiva para los buceadores más expertos, la inmensa mayoría del tiempo se pasa entre los 6 y los 12 metros de profundidad, en medio del azul  y cogidos al cabo de la boya de fondeo.

El plan suele ser muy sencillo, ya que lo único que hay que hacer es descender un poco y esperar; las móbulas no suelen tardan demasiado y en pocos minutos empiezan a merodear por la zona, manteniendo la distancia. Estos gigantes del mar no acuden en busca de alimento ni tampoco para desparasitarse, simplemente vienen atraídos por la curiosidad de contemplar a los buceadores, y esta inquietud les hace acercarse cada vez más, hasta terminar nadando en círculos muy cerrados. El espectáculo es único, ya que la claridad de las aguas nos permite ver este desfile mágico en toda su plenitud. Realmente una inmersión incomparable.

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