Anilao

Macro universo de Filipinas

Lo más Destacado de Anilao

La costa de Anilao no nos ofrece la vista típica de playas tropicales, propia de otras zonas de Filipinas. Lo que encontraremos es un paisaje escarpado, de pronunciadas laderas tapizadas de vegetación, que se suavizan al sumergirse bajo las aguas y se transforman en diferentes topografías, en función del punto donde nos sumerjamos. En los fondos de la isla de Sombrero, (uno de los islotes circundantes a la isla de Maricaban), nos sorprenderemos con una explosión de corales, que cubren los grandes bloques rocosos compartiendo territorio con esponjas, cientos de crinoideos y bellas gorgonias.

Pero a poca distancia de este universo de color, y ante una pequeña aldea de la isla cercana, el fondo es radicalmente diferente, con un sedimento de limo y arena oscura sobre el que descansan troncos de palmera y cantos rodados, un entorno perfecto de muck diving que no deja impasible a nadie. Y si nos desplazamos ante la costa de la península, los fondos de roca se alternan con otros de gruesas arenas o con arrecifes de coral. Todos estos lugares, por muy diferentes que resulte, comparten un denominador común: Vida Macro.

En un buceo tradicional por un arrecife coralino la vida circula ante nuestros ojos, pero este tipo de inmersión nos haría desaprovechar el gran potencial de Anilao. Para disfrutar al 100% de este lugar, se hace indispensable trabajar en grupos de buceadores muy reducidos, con ratios de 2 buceadores por 1 guía, o máximo de 4:1, y por supuesto que ese guía sea un auténtico especialista en la materia, porque las criaturas más impactantes no se descubren a simple vista, sino que han de ser localizadas en lugares muy concretos. Manejando correctamente estos requerimientos, el resultado de nuestro paso por Anilao puede ser realmente fructífero y en la mayoría de los casos realmente impactante.

El plan de vida en Anilao, si se quiere, puede ser muy intenso y centrado al 100% en el buceo, ya que es posible realizar cuatro inmersiones al día, y por las características de estos fondos, no demasiado profundos, puede suponer estar buceando desde el amanecer hasta bien entrada la noche, solo parando para comer, cenar y algún rato de corto relax bajo el sol, y las inmersiones serán tan apasionantes que realmente no querremos parar.  El plan de buceo suele ser muy similar, independientemente del punto seleccionado y el tipo de fondo, con un ritmo muy pausado y sin intención de realizar grandes recorridos, y lo cierto es que, aunque tengamos idea de nadar cientos de metros, el ritmo de “avistamientos” nos impedirá cumplir con ese objetivo.

Los primeros minutos de inmersión suelen ser tranquilos, con una inspección superficial de la zona, pero en cuanto el guía empieza a señalar “bichos” el trabajo comienza a acumularse, y es normal que muy pronto tengamos al guía indicándonos varios animales que esperan ser fotografiados. En otras ocasiones, como cuando se buscan rhinopias (uno de los peces escorpión más espectaculares del mundo), el divemaster tiene que dedicar un buen rato a su localización, pero no por ello estaremos de brazos cruzados, ya que antes de iniciar su búsqueda nos dejara una docena de motivos en lista de espera, que nos exigirán una buena parte del tiempo de nuestra inmersión.

Y lo cierto es que un buceo tan enfocado a la fotografía macro, o la simple observación, requiere de paciencia, tiempo y trabajo en equipo. Poder fotografiar determinados crustáceos, muy inquietos, o algunos nudibranquios de poco más de 3 mm hace que nuestro compañero de inmersión y/o el guía se conviertan en ayudantes indispensables, ya que el fotógrafo solo podrá centrarse en el encuadre y enfoque del motivo, para lo cual habrá que recurrir en muchos casos a lentes de aproximación muy críticas; por otro lado los asistentes tendrán que realizar tareas de “colocación”, consistentes en conseguir que el animal en cuestión mire a cámara o simplemente no se marche… un suave chorro de agua mediante una típica pera de limpieza de lentes puede obrar maravillas, sin causar ninguna molestia al animal.

El segundo ayudante puede realizar, en ocasiones, una tarea más rudimentaria, como es la de hacer de lastre sobre un fondo de arena, ya que en muchas ocasiones la estabilidad es indispensable y tener al compañero sentado en tu espalda, dándonos peso, puede resultar de gran ayuda y garantizar que la escasa profundidad de campo de nuestro objetivo macro se ajuste a nuestro punto de foco. Cuando el fondo en que nos toca trabajar no es de arena, entonces todo es más complejo, ya que apoyarnos en el arrecife de coral es impensable, y en ese caso la tarea de nuestro compañero puede centrarse en la vigilancia, para que mientras nosotros nos “perdemos” en la profundidad del visor, él pueda controlar que no golpeamos los corales con nuestras aletas.

Y no podemos pasar por alto una de las modalidades de buceo más de moda, especialmente entre los fotógrafos, y que en Anilao tiene uno de sus máximos exponentes. Nos referimos al buceo Blackwater.  Las inmersiones nocturnas en aguas abiertas nos darán la oportunidad de encontrar una serie de pequeños animales que ascienden desde las grandes profundidades. Pulpos pelágicos, tritones, cangrejos en estado primario, alevines de peces tropicales o nudibranquios pelágicos. Un universo de novedades, pero que requiere una refinada técnica y unas grandes dosis de paciencia.

Pero todo este esfuerzo y dedicación dan su fruto y tras un paso por Anilao podremos disfrutar de una variada colección de los seres más increíbles: nudibranquios como el Ceratosoma alleni , Janolus, Dendronotidos o los incomparables Phyllodesmiuns, coloridos ovúlidos, frágiles opistobranquios, gambas dragón (Miropandalus hardingi) y otras curiosas variedades de crustáceos como gambas peludas o gambas arlequín e incluso gambas no catalogadas en la actualidad , cefalópodos de todo tipo, caballitos de mar espinosos y pigmeos, peces cacatua, toda una variedad de dragoncillos, los más increíbles peces sapo, lábridos, gobios, blénidos, peces lima, gusanos, estrellas y un interminable etcétera.

Un buceo realmente apasionante, que nunca deja impasible, y que habitualmente desata entre los buceadores que lo prueban un tremendo deseo de regresar, desde el primer minuto después de finalizar nuestro viaje.

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