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Lo más destacado de Truk – Micronesia
En los primeros minutos del amanecer del 17 de febrero de 1944, más de 550 aviones estadounidenses – fuertemente armados – ponían rumbo a la laguna de Truk: comenzaba la operación Hailstone. El objetivo marcado a los pilotos era volar bajo, para no ser detectados por los radares japoneses, y así poder lanzar un ataque masivo contra los barcos de la Armada Imperial Japonesa, así como contra las bases aéreas y demás infraestructuras militares niponas que existían en las islas circundantes. El resultado de la maniobra fue realmente exitoso para la US Navy ya que consiguieron destruir, en tan solo dos días, unos 250 aviones y hundir más de 40 barcos, superando las 200.000 toneladas, y por supuesto miles de bajas personales entre las tropas enemigas, que según estimaciones superaron los 4.500 muertos.
Décadas más tarde apenas hay signos exteriores de esta sangrienta batalla, pero todo al sumergirnos bajo aguas de su extensa laguna, ya que en sus fondos reposan los restos de aviones, barcos y personas, razón por la que Truk es considerado el destino estrella para el buceo en barcos hundidos, un auténtico paraíso para esta actividad que contrasta con lo dramático de la historia que lo rodea.
Truk es, sin lugar a duda, el mejor destino del mundo para inmersiones en barcos hundidos, y una cita obligada para los buceadores técnico.
Como inicio de nuestra aventura submarina, podemos comenzar nuestro buceo explorando los restos del Kiyosumi, un carguero de 6.983 toneladas y 138 metros de eslora que reposa sobre su costado de estribor, en un fondo de 37 m.; su manga de 30 m. permite que la inmersión comience a tan solo 7 m. de la superficie, en donde se localizan muchos artefactos, máscaras anti-gas, piezas de cerámica, etc. Sus 6 bodegas – algunas de ellas repletas de bidones – son abiertas y fáciles de recorrer, y si queremos avanzar a un escalón más técnico basta con penetrar por la claraboya de la sala de máquinas – tras la chimenea – y adentrarnos en las entrañas del barco.
Otra buena opción es el Kensho (117 m. de eslora) que, a diferencia del anterior, está en posición de navegación, por lo que sus mástiles son accesibles a pocos metros de la superficie; el descenso por estas estructuras nos permitirá disfrutar de infinidad de peces y corales blandos de todos los colores. Ya en la cubierta podemos optar por acceder hasta el cañón de proa, explorar el puente de mando o lanzarnos al interior de la sala de máquinas, desde donde podremos acceder al taller, los motores y otras salas con múltiple maquinaria, a lo largo de diferentes cubiertas interiores.
Y tras un intenso entrenamiento, ya es el momento de comenzar a explorar alguno de los “grandes” de Truk, como el trasatlántico Heian (163 m de eslora y 11.600 toneladas). Este enorme barco descansa sobre el costado de babor, lo que hace que su exploración interior sea algo más compleja, ya que el sentido de la orientación puede confundirnos. En los pasillos exteriores son fácilmente visibles los periscopios apilados, muestra inequívoca de la tarea de suministro que realizaba. Ya en el interior vale la pena visitar alguno de los almacenes, donde aún permanecen multitud de finas piezas de cerámica; también localizaremos proyectiles de gran calibre y torpedos gigantescos. A lo largo del recorrido son permanentes los hallazgos de infinidad de objetos cotidianos, enseres personales, e incluso un botiquín en bastante buen estado, y por supuesto toda la maquinaria de la sala de máquinas y salas aledañas.
Otro de los trasatlánticos a bucear es el Río de Janeiro (142 m. de eslora y 9.600 toneladas) y es este caso apoyado sobre estribor a 30 m. de profundidad. Está muy colonizado por esponjas y corales, y sus bodegas abiertas contienen material muy diverso, desde centenares de botellas de sake a ametralladoras ligeras, pasando por piezas de artillería pesada desmontadas para el trasporte. Pero sin lugar a duda lo mejor son sus 7 cubiertas interiores que nos garantizan una exploración muy técnica y apasionante, descubriendo múltiples utensilios, maquinaria de todo tipo, relojes, manómetros, griferías, … una de esas inmersiones que se repiten y que nunca se olvidan.
Uno de los pecios más completos, en lo que a variedad se refiere, es el Shinkoku (152 m. de eslora). Está literalmente entero, en posición de navegación y repleto de vida. Llama la atención la gran cantidad de alcionarios que hay recubierto los cañones haciendo difícil su identificación. A lo largo de la cubierta podremos ir identificando una gran diversidad de objetos extraídos del interior, como faroles, utensilios de cocina, enseres personales o el famoso botiquín. El puente de mando es la zona más colapsada, pero son fáciles de identificar los telégrafos; por debajo accederemos a la enfermería, con su mesa de operaciones, sobre la que alguien ha tenido la morbosa paciencia de apilar huesos humanos de los que se reparten a lo largo de los pasillos y camarotes (como es normal de encontrar en la mayoría de pecios de Truk). Desde esta sala, tras una larga galería, se puede alcanzar la gigantesca sala de máquinas, una auténtica delicia para los más técnicos, ya que nos ofrece un largo recorrido de varias cubiertas inferiores repleto de rincones interesantes.
El Fujikawa (134 m. de eslora) es sin duda alguna el pecio más famoso de Truk, pese a que el paso de los años lo ha ido deteriorando un poco. Se asienta a tan solo 34 m. de profundidad, por lo que su cubierta principal es apta para todos los niveles. Sus seis bodegas contienen todo tipo de objetos, desde munición ligera y armamento hasta aviones Zero, pasando por las indispensables montañas de botellas de sake. Los mástiles, cañones y resto de estructura exterior se encuentran totalmente colonizada por esponjas y corales, con muchos alcionarios que le imprimen gran colorido. Pero sin duda alguna lo mejor son las más profundas entrañas del barco. Es un recorrido largo, laberintico y que requiere buena preparación, pero lo que nos espera es apasionante. Su sala de máquinas y resto de habitáculos se reparte en tres cubiertas inferiores a lo largo de las cuales iremos encontrado innumerable maquinaria de todo tipo; destaca el taller, con sus estanterías y bancos de trabajo, y por supuesto el compresor uno de los iconos más representativos del buceo en Truk.
El Nippo (107 m. de eslora) es un carguero de 5 bodegas) reposando en posición de navegación y a una profundidad muy aceptable. Es imprescindible visitar el pequeño tanque que se localiza en el costado de babor de la cubierta de proa y los cañones antitanque de la cubierta de popa, ante la cuarta bodega. Otro punto famoso es el puente de mando, el mejor conservado de todos los pecios. Si dejamos atrás la luz del exterior y decidimos adentrarnos en el “lado oscuro”, también localizaremos interesantes rincones con motores, maquinaria diversa, infinidad de aparatos de medición y mucho más.
De los 148 m. de eslora del El Hoki, solo quedan en pie la mitad, ya que la bomba lanzada por el cazabombardero americano impactó de lleno en la primera bodega de proa, desintegrando medio barco y matando en el acto a más de 500 tripulantes. Pese a este escalofriante episodio, la sección central –sala de máquinas incluida – y toda le sección de popa permanecen en excelente estado, en posición de navegación. Se suele descender por el mástil, tapizado de esponjas, corales blandos y peces cristal, y ya en cubierta se recomienda explorar las dos bodegas, en las que encontraremos apisonadoras, excavadoras, camiones, muchas bombas, faroles, motores de avión, y muchas cosas más.
Los cargueros medianos suelen ser muy interesantes para su exploración, por disponer de amplias bodegas, grandes salas de máquinas, una buena superestructura y un tamaño que permite su recorrido en un par de inmersiones. Un claro ejemplo puede ser el Mamokawua, que extiende sus 107 m. de eslora sobre un fondo arenoso a 42 m de profundidad, pero la gran altura del barco hace que se pueda realizar una inmersión poco profunda. Las bodegas guardan muchos objetos, pero destacan los repuestos de aviones, las grandes bombas y los chasis de camiones. No hay que dejar de penetrar en la impresionante sala de máquinas, y por supuesto una visita al puente de mando, donde se mantiene el compás, el timón y los telégrafos de mando.
Algo más pequeño (100 m. de eslora) el Unkai es uno de los pecios predilecto de muchos buceadores. Este carguero armado se localiza algo profundo, por lo que durante el recorrido se pueden alcanzar cotas cercanas a los 40 metros. La visibilidad suele ser excelente y la concentración de peces y corales es muy destacable. A resaltar el cañón montado sobre una plataforma en la proa, y por supuesto la sala de máquinas.
Los pecios de aviones son también bastante peculiares, aunque desde el punto de vista técnico no requieren demasiada preparación para su exploración. Pese a que en la batalla fueron destruidos centenares de aviones japoneses y algunos estadounidenses, accesibles al buceo no hay demasiados interesantes. Los dos más destacables son un Kawanishi H8K, conocido como Emily, y un Mitsubishi G4M3, conocido como Betty. El primero es un hidroavión cuatrimotor de 38 m. de envergadura, fuertemente armado con piezas de artillería; pese a que está partido en varios trozos, todas las partes están muy próximas y se obtiene una perspectiva muy impresionante. El segundo – Betty – es un bombardero bimotor de 25 m. de envergadura; se encuentra relativamente entero, con los planos aún unidos al fuselaje, pero los dos motores cobraron “vida propia” al impactar en el agua y se localizan unas decenas de metros por delante del aparato.
Y para terminar, el famoso San Francisco Maru (117 m de eslora), que descansa a 63 m. de profundidad, lo que hace inevitable que esta sea una inmersión profunda en la cual superaremos los 55 m., si queremos contemplar lo mejor del pecio. La zona más interesante se localiza en proa, donde destaca un imponente cañón de 75 mm. Dejando atrás la pieza de artillería entraremos en la primera bodega, donde perfectamente apiladas veremos decenas de minas anticarro junto a cajas repletas de detonadores, la siguiente bodega almacena bidones de combustible, bombas de aviación y un camión Isuzu 94. Nuevamente en el exterior, al final de la cubierta de proa, destacan tres tanques Mitsubishi 95 Ha-Go, que aún conservan sus cañones de 37 mm. La parte central del Pecio está más deteriorada, como consecuencia del bombardeo, pero si queremos proseguir hasta las bodegas de popa tendremos ocasión de ver un buen número de torpedos.
Tras una inmersión como la del San Francisco tenemos claro que nos esperan largos minutos de descomprensión en medio del azul. Son momentos para repasar las experiencias vividas dentro y fuera de todos estos pecios, darnos cuenta de que somos unos afortunados que con nuestros equipos de buceo podemos “regresar al pasado” y poder revivir en alguna medida todo lo que ocurrió en estas aguas y la capacidad destructiva que puede llegar a alcanzar el ser humano, algo que debería de servir para que nada parecido vuelva a producirse… La descompresión finaliza y el regresar a la superficie supone el retorno a la actualidad, a nuestra vida cotidiana en la que queda claro que no todos los humanos han aprendido la lección.