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Lo más destacado de Tubbataha
El viaje a Tubbataha, normalmente, implica pasar la primera noche de llegada a Filipinas, en Manila, una oportunidad para visitar Intramuros y cenar en cualquiera de los restaurantes típicos de la capital. A la mañana siguiente, un traslado al aeropuerto (terminal de vuelos nacionales) y un salto final hasta Puerto Princesa, en el norte de la isla de Palawan, desde donde zarparemos a bordo del barco seleccionado, excepto en algunos viajes puntuales de transición (primero y último de la temporada) en los que el barco zarpará de otro puerto, habitualmente en las Bisayas Centrales.
Tras una cómoda navegación, que ocupa parte de la noche, amaneceremos en la punta más septentrional del atolón norte. Un diminuto islote repleto de aves y un mar plato e infinito nos invitarán a sumergirnos, y por supuesto no hay que perder ni un minuto.
Tras esos segundos de burbujas y espuma, que se producen al saltar al agua, todas nuestras dudas sobre la calidad del buceo en Tubbataha quedaron resueltas, ya que nos encontraremos inmersos en un agua cristalina que nos permitirá contemplar un arrecife espectacular y rebosante de vida. Tras descender unos pocos metros es frecuente encontrarnos con alguna de las múltiples tortugas carey que pueblan estos fondos, y que impasible nos contemplará con gran curiosidad, mientras a nuestro alrededor circularán centenares de peces inquietos.
Esos primeros minutos seguro que se convierten en un auténtico “frenesí fotográfico” donde los modelos serán peces ángel, loros, ballestas, napoleones, meros y muchas otras especies, hasta que el rápido cruce de un tiburón puntas blancas, alertando a un grupo de emperadores que saldrán disparados, nos recordará que estos arrecifes están rodeados de paredes verticales que se pierden en el abismo y que el azul puede ser otra importante fuente de grandes encuentros.
Alcanzar la pared y la inmensidad de las aguas abiertas no requerirá más que uso pocos golpes de aleta, ya que se duele saltar al agua a pocos metros del veril. En esta zona son frecuentes los encuentros con majestuosas mantas, que con su comportamiento tranquilo parecen estar esperando su turno para posar ante los fotógrafos, para segundos después ceder paso a varios atunes diente de perro que descaradamente se abalanzarán sobre nosotros, con un comportamiento que impacta.
La impresionante experiencia que podremos vivir en nuestra primera inmersión seguro que no es una excepción, sino solo un preámbulo de todo lo que nos esperará. A lo largo de los días del crucero se tendrá tiempo para ir explorando todos los puntos de buceo del atolón norte, recorriendo arrecifes someros en donde las acróporas dominarán el paisaje brindando un hábitat perfecto para miles de peces tropicales, arrecifes que sistemáticamente terminan convirtiéndose en paredes oceánicas en donde el buceo gana otra dimensión. Muros verticales en donde cada palmo está ocupado por una gran gorgonia, una esponja oreja de elegante o un coral blando de brillantes colores, todo ello con el permanente encuentro de barracudas, carángidos, tiburones y grandes atunes, e incluso visitas puntuales de tiburón ballena.
Como suele ser habitual en este tipo de ecosistemas, la noche es un momento perfecto para sumergirse en busca de otras especies. La tremenda claridad del agua nos permitirá estar cerca de nuestro barco principal, aprovechando su potente luz, que nos iluminará una buena parte del arrecife por el que será fácil avistar activos los tiburones. Ya en la pared, los crinoideos se muestran en todo su esplendor, abriendo sus brazos en busca de alimento y dejando a la vista a los peces ventosa, las galateas elegantes o las gambas comensal que viven en su interior, aunque crustáceos interesantes serán una constante es estas inmersiones.
Las gigantescas gorgonias, que durante el día proporcionan magníficas posibilidades para fotografía de gran angular, ahora nos ofrecerá un universo de opciones para la foto macro: cangrejos decorados, delicados juveniles de damiselas, peces halcón y por supuesto caballitos pigmeos, especialmente del hippocampus denise que es el más abundante, con colonias de cuatro y cinco individuos en la misma gorgonia, para continuar con otra pequeña comunidad en la gorgonia de al lado. Nudibranquios de todo tipo, langostas, gambas mármol, escórporas o peces león completan los atractivos de cada nocturna, aunque los pequeños cefalópodos siempre tienen, de una u otra manera, su papel destacado.
Y del atolón norte al atolón sur, tras una corta navegación. El paisaje exterior, muy similar al del norte, se ve en esta ocasión “decorado” con un pequeño faro. Y bajo el agua cabe esperar que las inmersiones sean de la misma calidad, pero el nivel no es el mismo… Aunque pueda parecer imposible, la cantidad de vida en las inmersiones del sur es aún mayor; la vida del arrecife, tanto en vertebrados como invertebrados, continuará resultando excepcional, con permanentes encuentros de tortugas y tiburones, pero el azul, en estos buceos, tendrá aún más protagonismo.
Gracias a la experiencia de los divemaster, en determinados momentos nos indicarán que nos adentremos en el azul y antes de perder de vista el arrecife ya comenzaremos a distinguir una gran “mancha viviente”, que en ocasiones podrá estar compuesta por cientos de barracudas y en otros casos por miles de jureles. El comportamiento del cardumen resultaba muy curioso, ya que cuando nos pongamos a su altura – siempre de una manera pausada – buscarán refugio en el arrecife, algo que facilita el trabajo y mejora las condiciones del buceo, ya que la parte alta – donde al parecer más protegidos se sienten – se encuentra a muy poca profundidad, permitiéndonos reducir nuestros consumos y mejorando la luminosidad.
Los grandes grupos de carángidos llegan a ser hipnóticos, con un permanente cambio de formar, en ocasiones rodeando a los buceadores o en otros casos transformándose en una densa bola impenetrable o en un muro que se prolonga durante decenas de metros a lo largo del arrecife. Estos impactantes encuentros pueden llegar a ser tan predecibles que es recomendable dedicar gran parte de la inmersión a disfrutar de otras zonas del arrecife o fotografiar tiburones y en la etapa final del buceo, a poca cota de profundidad, realizar nuestra parada de seguridad disfrutando con los cardúmenes, que siempre resultan apasionantes.
Y como cualquier crucero, llegará el día de regresar a puerto, pero después de esta experiencia tendremos en nuestras cámaras miles de imágenes, y lo más importante, un conjunto vivencias incomparables que nos habrán confirmado que Tubbataha es, sin lugar a duda, uno de los mejores destinos del planeta para el buceo en arrecife coralino.