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Lo más destacado de Komodo
Cuando por primera vez se zarpa con destino a Komodo se respira en el ambiente una cierta inquietud entre todos los pasajeros; todos tienen en mente la duda de si lo oído y escuchado sobre este destino será cierto o simplemente se encontrarán en un arrecife coralino como el de muchos otros lugares. La duda es comprensible, ya que, si uno indaga en Internet en busca de opiniones, todos los centros de buceo o todos los barcos operan en el mejor destino del mundo, y cualquier estación del año es la mejor para ser visitados. Miles y miles de páginas de información que nos saturan y entre las que resulta complicado establecer criterios de fiabilidad, para poder acertar en nuestra elección. Por suerte, en Komodo esta duda se despeja minutos después de sumergirse en sus aguas, y casi con independencia de cuál sea el punto seleccionado para esa primera toma de contacto.
Es importante tener en cuenta que cuando hablamos de Komodo, no nos estamos refiriendo tan solo a esa isla, sino al parque nacional al que da nombre y que enmarca a muchas otras islas e islotes como Rinca, Gili y Pandar, e incluso – desde el interés para el buceo – algunas zonas de la costa oeste de Flores, la isla de Sangean o la costa norte de Sunbawa. Como suele ocurrir con las reservas bien protegidas, estas actúan como generadores de vida que ante la sobrepoblación que generan potencian la migración de individuos que pueblan las zonas cercanas, fuera de la propia reserva. Otra de las peculiaridades de este destino es su singular localización, que lo sitúan a modo de frontera natural del sur, entre el Océano Indico y el Océano Pacífico, con un entorno de aguas cálidas y transparentes procedentes del norte y aguas del océano Indico, directas desde las profundidades abisales, frías y repletas de nutrientes; y Komodo en medio, como un filtro gigante, generando una mezcla explosiva de resultados magníficos.
En el conjunto de toda esta zona podemos contar con más de cincuenta puntos de inmersión, que compiten entre sí por el protagonismo; la mayoría se sitúan en el centro y norte, en donde predominan las aguas más claras y calientes durante los meses de junio a septiembre, pero no hay que descartar el reducido conjunto de inmersiones del sur, fundamentalmente en Rinca, ya que sus aguas menos cálidas, con temperaturas que pueden descender y que nos exigirán añadir unos milímetros a nuestra equipamiento de neopreno, pero por otro lado muy ricas en plancton y que pueden depararnos algunas de las mejores inmersiones de nuestro viaje.
Estos fondos nos ofrecen fundamentalmente diversidad, tanto es especies marinas como en tipos de entornos. Algunas inmersiones se realizan en montañas submarinas y otras en canales, podremos nadar en tranquilos y luminosos arrecifes coralinos o detenernos en una minuciosa exploración de fondos de cascajo, pero con la garantía de que al salir del agua solo estaremos esperando el momento de regresar de nuevo. Desde el punto de vista de la fotografía submarina sería un pecado olvidar en casa cualquiera de nuestros objetivos, el 105 mm macro o incluso el 60 mm serán clave en un tercio de las inmersiones, mientras que angulares como el 10 mm o el 14 mm rendirán al máximo en otras tantas oportunidades, y el último tercio de nuestros disparos lo dejaremos para lentes intermedias como el 24-70 mm que nos permitirán capturar las mejores tomas de peces de arrecife y de algunos de los tiburones.
Como suele ocurrir en la mayoría de las inmersiones, las corrientes juegan un papel importante y serán estas las que nos garanticen el éxito. En Komodo no es muy habitual realizar inmersiones a la deriva, exceptuando alguno de los canales visitados por las mantas, pero sí es frecuente buscar algunos puntos donde quedarnos a la espera disfrutando de la concentración de fauna y la atracción de depredadores que esto supone.
En otras inmersiones la corriente estará presente pero no tiene que ser muy significativa, permitiéndonos movernos en todas direcciones, solo la necesaria para que los corales blandos la detecten y se expandan al máximo en busca de alimento; son estos momentos cuando los bloques de coral parecen tomar una nueva vida y se convierten en espectáculos de color con alcionarios naranjas y rosas tapizándolo todo, y junto a ellos crinoideos que trepan sobre las esponjas de barril para ocupar las posiciones más privilegiadas compitiendo con las gorgonias, algunas de las cuales alcanzan tamaños más que considerables.
Y si los corales son impresionantes, las concentraciones de peces y los pelágicos son uno de los focos de atención para todos los buceadores, la simple contemplación de los peces que pueblan el arrecife puede ser tanto o más apasionante. La cantidad de peces que podemos ver en una sola inmersión es realmente increíble, especialmente si valoramos también la tremenda diversidad; estarán presentes especies muy típicas de estas latitudes, como los peces ángel emperador, mariposas de bandas naranjas, loros bicolor, damiselas doradas o peces león.
También veremos muchos labios dulces listados en cardumen, parejas de peces conejo enmascarados, peces ángel de semicírculos, peces sapo, los elegantes cirujanos de aleta amarilla y algunas otras especies realmente destacables como los peces ancla de colmillos, los anthias de mancha cuadrada y los barramundi, uno de los serránidos más tímidos que habitan en los mares tropicales y que como la generalidad de peces de Komodo parecen deleitarse con la presencia de los buceadores. Un sueño para los fotógrafos.
El arrecife por el día es un ir y venir continuo, pero en la noche el ritmo parece relajarse, aunque es solo en apariencia. Las inmersiones nocturnas son un buen momento para salir a la búsqueda de otras especies de vertebrados, y dado que en Komodo el ritmo de reproducción es muy alto, con un buen guía fácilmente veremos juveniles de pez murciélago pinado; la noche también es buen momento para localizar depredadores estáticos como los peces piedra u otros peces más tranquilos como los caballitos de mar, pero sin duda alguna una de las especies más buscadas son los dragoncillos picturatus, pariente cercano de los mandarines pero mucho menos frecuente de ver. Aunque al amparo de la noche, sin lugar a dudas que los auténticos protagonistas son los invertebrados; los nudibranquios se deslizan pausadamente recolectando alimento sobre esponjas y corales muertos, algunos crustáceos parecen ocupar cada oquedad del arrecife mientras otros se encaraman en los corales látigo o sobre las gorgonias, y los más descarados – como la zapatilla de mar – caminan inquietos aparentando no saber a dónde se dirigen.
Las sepias y calamares aprovechan para capturar pequeñas presas que son atraídas por la luz de nuestros focos, aunque suelen quedar en segundo plano cuando aparece su pariente más pequeño: el pulpo de anillos azules. Este cefalópodo, hasta no sentirse amenazado, aparenta ser un pequeño pulpo “del montón”, pero cuando nos aproximamos, su aspecto parduzco cambia por completo y es cuando nos muestra todo su cuerpo tapizado de círculos azules que parecen iluminarse; es la advertencia de que esta pequeña criatura, de poco más de 5 cm de largo, posee uno de los venenos más letales del reino animal. Por suerte, si respetamos su advertencia, no se muestra agresivo y al poco tiempo se relaja y continúa con su quehacer nocturno.
El tiempo en Komodo pasa rápido, aunque la jornada de buceo puede ser larga y posiblemente desearíamos que fuera más larga aún, ya que de día y de noche cada minuto de buceo es realmente bueno. Tras varios días de apasionantes inmersiones nuestra singladura llegará a su fin, y cuando nos crucemos con los nuevos pasajeros y alguno nos pregunte “¿qué tal el buceo?” estaremos tentados de no decirle la verdad, dejarle en la duda, para que cuando se sumerja por primera en las aguas de Komodo experimente esa agradable sensación que tuvimos nosotros.