Jardines de la Reina

Caribe salvaje

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El plan de buceo durante un crucero, pese a sus peculiaridades, no se diferencia demasiado de lo que encontramos en otros lugares del mundo. Como punto de inicio se suele comenzar con una inmersión tranquila, para chequear bien el equipo, el lastrado y para que los guías puedan ver el perfil de cada buceador. En Jardines de la Reina este buceo no suele ser muy complicado, pero no por ello deja de ser interesante; recorreremos un fondo con numerosos cañones que surcan el arrecife, y en los que es fácil encontrar numerosas esponjas y gorgonias de diferentes tipos, así como pequeños grupos de roncadores, meros, peces ángel y simpáticos peces cofre. Pero es estos fondos también veremos muy pronto al primer tiburón de arrecife, que nos dará la bienvenida, adelantándonos que uno de los objetivos de este viaje – los tiburones – seguro que se alcanza con facilidad. La otra especie carismática de este destino es el cocodrilo, pero el entorno del arrecife no parece el más apropiado, y como toma de contacto no parece lo más recomendable.

Tras la primera toma de contacto con las claras aguas del Caribe y el avistamiento de los primeros tiburones, la rutina del buceo comienza, y los puntos en Jardines de la Reina pueden ser muy variados, e incluso bastante distantes entre sí. Si se quiere un buceo con “acción”, un lugar recomendable puede ser El Farallón, un punto de excelente coral pero que apenas es recorrido durante la inmersión, ya que nada más saltar al agua los buceadores se encuentran con una decena de tiburones sedosos a tan solo un metro de la superficie, y trascurridos unos minutos, atraídos por el aleteo de los visitantes, el número de escualos puede duplicarse. Suelen ser tiburones de arrecife del Caribe y tiburones sedosos, también conocidos como silkys (Carcharhinus falciformis), y son animales que muestran un comportamiento descarado, lanzándose ante los objetivos de las cámaras e incluso llegando a rozarse con los cuerpos de los buceadores. La actividad suele ser constante y tras noventa minutos de tiburones, se suele dar por finalizada la inmersión… aunque puede que nadie haya descendido por debajo de los 5 primeros metros.

Tanto en El Farallón como en Caballones o en Pipín, el espectáculo se repite, pero no por ello hay que dejar de visitar el arrecife, ya que en el fondo de estos lugares encontraremos un excelente arrecife coralino, repleto de peces tropicales, con corales cerebro de Neptuno o los estilizados corales de catedral. En otros puntos de inmersión, como Los Mogotes, los escualos cobran nuevamente protagonismo; en este fondo se concentran numerosos tiburones de arrecife del Caribe (Carcharhinus perezii), son animales con un comportamiento más moderado, y pese a su mayor corpulencia – respecto a los sedosos – suelen mantener inicialmente la distancia, aunque tras unos minutos de aclimatación, terminan mostrándose igualmente amigables y podremos disfrutar de ellos a escasos centímetros de distancia, algo que los fotógrafos y videógrafos realmente agradecen.

En Los Mogotes, como en muchos otros puntos de inmersión, se hace obligado descender esos 15 metros hasta el arrecife, y ya de paso dedicar un tiempo a explorar los cañones o las cavernas donde se agrupan los sábalos, en cualquier rincón podremos localizar langostas y las morenas serán encuentros cotidianos. Encontraremos lugares repletos de fauna, la mayoría muy representativa de la región de Caribe, y en un entorno dominado por los corales duros y entre los cuales han proliferado numerosas variedades de esponjas y de gorgonias.

Uno de los atractivos de este buceo es el encuentro con tiburones, un objetivo que normalmente se alcanza en las primeras inmersiones. Pero el segundo objetivo, para muchos buceadores que optan por Jardines de la Reina, es en encuentro con los cocodrilos. El cocodrilo cubano o Crocodylus rhombifer, es una subespecie que solo se puede encontrar en Cuba, aunque en el pasado habitó también en otras zonas de Caribe. Este gigantesco reptil, que puede superar los 3 metros de largo, habita –entre otros lugares – en la zona de manglares de Jardines de la Reina, y es en ese entorno, alejado de los arrecifes de coral y las claras aguas del mar abierto, donde deberemos buscarlos.

Como es de imaginar estos animales son por naturaleza esquivos, como la mayoría de la fauna salvaje terrestre, pero un poco de pollo les hace perder la timidez en cuestión de segundos. Para disponer de mayor movilidad, y sumado a la escasa profundidad (no supera los 4 metros de fondo), es una actividad que se realiza en snorkel, y se recomienda tener mucho cuidado de no remover demasiado el fondo, ya que el lecho está cubierto de sedimentos vegetales y fino fango, que al menor descuido con las aletas garantizan una visibilidad nula.

En cuanto se localiza un ejemplar, y tras unos minutos de aclimatación para comprobar que el animal está tranquilo, se entra pausadamente en el agua y se realiza una aproximación lenta, para que no se asuste y busque protección entre los manglares.  La estrategia, sumada a la ayuda del cebo, suele ser muy efectiva y el cocodrilo termina nadando alrededor de los buceadores, con tranquilidad. El contacto físico con los cocodrilos resulta ineludible, ya que parece que les atrae pasar junto a los humanos, siempre y cuando sean ellos quien tomen la iniciativa, ya que si es al contrario, se mostrarán más cautelosos.

Como suele ser habitual con la mayoría de los animales salvajes, un mutuo respeto lleva a cierto grado de confianza, y la experiencia resulta muy interesante. Los buceadores que utilicen cámara de fotos o de video han de tener en cuenta que el reflejo en los grandes frontales los atrae, llegando a tocarlo con la punta de su hocico, entreabriendo su impresionante mandíbula, en donde no parece caber ni un solo diente más. En puntuales ocasiones pueden mostrar una actitud más agresiva, plantándose ante nosotros y abriendo la boca más desafiante, pero si nos mantenemos estáticos y respetamos la distancia, pronto regresará a su tranquilo ir y venir, incluso parándose en el fondo y reposando con los ojos cerrados.

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