La Gran Barrera

Buceando en la Leyenda

La Gran Barrera

Los arrecifes de la Gran Barrera comparten muchos de los elementos más característicos de los del Mar de Coral, como es la diversidad y abundancia de corales. Podremos encontrar grandes extensiones de corales duros, en donde cada palmo del fondo está literalmente colonizado y en donde las especies se alternan permanentemente, componiendo un magnífico tapiz viviente de formas y colores únicos. Este abigarrado y enrevesado entorno sirve a su vez como refugio perfecto para todo tipo de crustáceos, moluscos y pequeños peces, que proliferan sin problemas y que al mismo tiempo atraen a vertebrados de mayor talla en busca de presas.

Pero basta con desplazarse a otro arrecife cercano para que el impenetrable coral duro se vaya transformando en estructuras más abiertas y frágiles – como las grandes formaciones multicolor de coral asta de ciervo – que pocos metros después dan paso a interminables extensiones de corales de cuero. Quizá, lo más llamativo de los corales que encontraremos en estos arrecifes sean los alcionarios; estos corales blandos alcanzan dimensiones realmente poco frecuentes en otras partes del planeta, y la diversidad de colores convierte estos fondos en un espectáculo de color, al que se suman gorgonias, esponjas y crinoideos de todo tipo. Un auténtico placer para los sentidos y una experiencia irrenunciable para cualquier buceador.

Como cabe de esperar en un ecosistema de arrecife coralino tan rico, los peces tropicales cuentan con una amplia representación, y la poca presencia de humanos en la región hace que su comportamiento sea de lo más tranquilo, algo que sumado a las numerosísimas estaciones de limpieza que podremos localizar en nuestro recorrido, harán posible que disfrutemos de oportunidades únicas, especialmente los buceadores aficionados a la fotografía submarina. Los labios dulces se congregan sobre los corales de mesa, esperando ser limpiados por los lábridos, mientras a poca distancia de estos los tímidos meros barramundi se someten a una parecida sesión de aseo personal; la actividad cotidiana en el arrecife suele ser muy intensa y los peces, de todos los tamaños y especies, nadan en todas direcciones. Un completo muestrario de peces ángel pueden discurrir antes nuestra mirada, mientras en sentido contrario los peces loro mordisquean los corales ante el discurrir imperturbable de un grupo de numerosos fusileros de cola amarilla, y todo ello supervisado por la atenta mirada de una pareja de peces murciélago que parecen no querer perderse detalle de todo lo que ocurre.

Si la riqueza de peces puede ser uno de los múltiples atractivos de esta región del Pacífico Sur, no debemos de olvidar que en el extremo más norte de la Gran Barrera se encuentra un punto indispensable de inmersión: la Isla Raine. Esta pequeña isla, de tan solo 21 hectáreas de superficie, puede presumir de ser el punto del planeta donde mayor número de tortugas verdes acuden para desovar. Cerca de 60.000 tortugas hembra pueden llegar a pasar por sus costas y los arrecifes circundantes, algo que llevó a las autoridades australianas a concederle el estatus de Parque Nacional con fines científicos. 

El desembarco en la isla está prohibido (solo permitido para equipos científicos) así como el buceo en sus arrecifes, pero si se permite la inmersión en otros arrecifes más alejados de la isla y en donde la presencia de tortugas verdes es bastante significativa. Es fácil cruzarse con estos grandes reptiles marinos mientas se adentran en aguas más profundas, o simplemente contemplarles descansando plácidamente en los fondos más someros. Muchos individuos, por no decir la inmensa mayoría, muestran pintadas en su caparazón, consecuencia de los recuentos y muestreos realizados por los equipos de investigadores y naturalistas.

Dejando atrás la isla de Raine, y su histórico faro que data de 1844 (la construcción europea más antigua de toda Australia), podremos regresar a los arrecifes exteriores y seguir con nuestro periplo submarino en el que los artrópodos, equinodermos, moluscos y otros filos también cuentan con su merecido protagonismo. Los crustáceos, como es habitual, cuentan con una buena muestra de individuos, que abarcan desde las más diminutas gambas de estrella de mar hasta las grandes langostas, pasando por gambas comensales o cangrejos decorados. Resulta sorprendente la diversidad de gusanos planos, o platelmintos, que podremos localizar y como no podía ser menos, el permanente encuentro de nudibranquios de muy variadas familias.

NADAR CON BALLENAS MINKE

Estos cetáceos acuden a las proximidades del Ribbon Reef, desde principios de mayo a finales de agosto. Dentro de ese periodo, durante junio y julio se organizan viajes específicos, de corta duración, con el objetivo fundamental de hacer snorkeling con estas ballenas. Las minke suelen alcanzar entre 7 y 9 metros de longitud, pudiendo llegar a pesar hasta 7 toneladas. Son animales curiosos y afables, y suelen acercarse a los buceadores para curiosear. Poder estar en el agua junto a unos de estos grandes mamíferos marinos es algo difícil de describir. Una experiencia increíble y altamente recomendable.

Y si cambiamos de rumbo y optamos por la región centro o sur, también tendremos lugares de gran interés para el buceo. Algunos de los lugares más destacados son accesibles solo en un vida a bordo, pero dichas singladuras suelen contar con una programación puntual y más reducida que las realizadas en el sector norte. Uno de esos puntos se encuentra a 300 km de navegación, zarpando de la ciudad de Townsville y adentrándose en el Pacífico, en pleno Mar de Coral. En medio del océano, surgiendo desde miles de metros de profundidad, se alza un gigantesco torreón coralino de decenas de kilómetros de ancho, y que apenas alcanza la superficie. Este peculiar arrecife – un auténtico tesoro para los buceadores australianos – es conocido como Flinders Reef, uno de esos destinos en los que el buceador siente que está explorando un lugar virgen.

Muchas de las inmersiones se desarrollan alrededor de pináculos coralinos o “bommies”, como lo llaman los australianos. Estas formaciones, que nacen en un fondo arenoso a 60 o más metros de la superficie, son relativamente estrechos, lo que permite realizar un recorrido en espiral. Lo ideal es descender hasta la cota máxima que queramos alcanzar, para ir ascendiendo hasta la cumbre, que suele estar a tan solo unos pocos metros de la superficie. En las zonas profundas proliferan las gorgonias, con gran número de crinoideos y otros invertebrados que se posicionan sobre ellas, pero mientras ascendemos podremos contemplar brillantes alcionarios, junto a multitud de pequeños y medianos peces tropicales. En la zona alta, las acróporas en forma de mesa dominan el paisaje, y a su sombra numerosos peces mariposa, ojos grandes y peces loro.

Algunos de los arrecifes se ven más afectados por las corrientes marinas, con zonas en las que han proliferado las gorgonias, pero también, en esos momentos de aporte de nutrientes, los tiburones. Fundamentalmente se encuentran tiburones grises, puntas plateadas, puntas blancas y puntualmente tiburones leopardo, junto a grandes rayas y en ocasiones peces guitarra.

Regresando a la costa australiana, al sureste de Townsville, se localiza otro punto de gran interés: el pecio del Yongala.  Sin duda alguna una de las mejores inmersiones del planeta. El Yongala, con 100 metros de eslora, naufragó el 23 de marzo de 1911 y permaneció desaparecido hasta 1958. Es una inmersión algo complicada, ya que a los 30 m. de profundidad casi siempre hay que añadirle algo de corriente, pero el esfuerzo compensa. El pecio está literalmente recubierto de peces, que apenas permiten ver la estructura del barco, pero lo más chocante es que todos los peces tienen un tamaño tremendamente grande. Peces murciélago de casi un metro, peces ángel de 70 cm, meros descomunales, tiburones toro, peces loro, peces mariposa, roncadores, carángidos, pez guitarra, rayas mármol, barramundis, peces, peces y más peces, y por supuesto tortugas y decenas de serpientes marinas. Un punto para pasar toda una semana.

Ya para finalizar, no podemos pasar por alto un punto clave de la región sur. La isla Heron es conocida en todo el mundo por sus excelentes puntos de buceo en la Gran Barrera Sur, con jardines de coral y sus pináculos. El buceo es tan bueno que Jacques Cousteau, el explorador submarino más famoso del mundo de nuestro tiempo, incluyó a Heron Bommie entre sus 10 sitios de buceo favoritos. Y hay muchos sitios alrededor de la isla, más de la mitad de los cuales están a solo unos minutos del embarcadero.

Las aguas que rodean Heron Island son relativamente poco profundas (profundidad media de entre 10 y 25 metros) y están repletas de peces de arrecife, mantarrayas, tiburones de arrecife y una variedad infinita de invertebrados marinos. Alrededor del 60% de las 1.500 especies de peces y alrededor del 72% de las especies de coral que se encuentran en la Gran Barrera de Coral habitan en las aguas que rodean Heron Island, aunque una familia destaca especialmente: las tortugas marinas.

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